Este beso, para Andrés fue como tomar veneno, una vez adicto, no puede controlarse.
Después de ocho años de matrimonio, Luna ya estaba totalmente acostumbrada a su rudeza, aunque hicieran las cosas más íntimas, nunca había preámbulos, de nada él solo disfrutaba del momento más vehemente.
Cuanto más ella gritaba de dolor, él más disfrutaba.
Una vez que no pudo controlarse, Andrés abrió la puerta del copiloto y la empujó con brusquedad hacia el asiento.
—¡No puedes hacerlo aquí! Pronto habrá alg