Ese aire frío que se desprendía de él, como un ligero susurro.
Frida miró con gran desprecio a Sergio:
—¿No dijiste que le darías clases particulares? Ahora parece más como si estuvieran realmente enamorados. Luna, no me digas que realmente te gusta este salvaje. ¿Por qué no escuchas lo que yo te digo?
Vio de nuevo el papel de examen en la mesa y sonrió con algo de sarcasmo:
—¿Veinte puntos? La incompetencia es simplemente incompetencia, ya sea en la familia Sánchez o en la escuela, Sergio... Es