Sin ninguna otra opción, Luna le entregó su celular. Para ser honesta, no quería involucrarse en esa cena. Sin embargo, si quería unir a los dos, tendría que hacerlo.
Frida hizo la llamada. Mientras esperaba muy ansiosamente, jugueteaba con su hermoso cabello. Unos segundos después, se escuchó una voz profunda al otro lado del teléfono:
—¿Luna? ¿Qué pasa?
Al escuchar la voz, Frida se sintió un poco enfadada y respondió con enojo en su tono de voz:
—¡No soy tu hermana! ¡Soy Frida!
—¿Señorita Ríos