—¿Qué? —Cuando esas palabras salieron de su boca, Luna vio a Gabriel sacar un pequeño estuche de terciopelo negro de su bolsillo. De adentro, sacó un colgante en forma de una hermosa luna blanca, suspendido en una fina cadena de plata que parecía brillar como estrellas.
Él se acercó gradualmente a ella, pero Luna lo detuvo, empujándolo suavemente hacia atrás.
—No puedes, es demasiado valioso, no puedo aceptarlo.
Gabriel bajó la mirada con un tono de voz ligeramente decepcionado.
—Luna, este col