Adolfo caminaba discretamente detrás de Luna y le dijo:
—Señorita García, siendo la señorita de la familia García, es mejor que mantenga su carácter fuerte para evitar que algunas personas se lleguen a aprovechar de usted y salga perjudicada.
Adolfo siempre hablaba directamente y nada escapaba a su mirada. Luna le sonrió ligeramente y afirmó con la cabeza, diciendo:
—Tiene toda la razón.
—Tanto el señor como yo esperamos que usted se cuide bien y no sufra más daño. —continuó Adolfo.
En ese momen