Una suave brisa nocturna entró ligeramente por la ventana. Los pasos apresurados en el pasillo despertaron a Luna.
Luna parpadeó, abrió lentamente los ojos, y miró por la ventana. Se dio cuenta de que ya había amanecido y no deseaba dormir más.
Era la voz de Isabel. Luna no sabía qué había sucedido, solo escuchó las constantes disculpas de la muchacha. Con los ojos somnolientos, pisó descalza el suelo y se acercó a abrir la puerta.
Al abrir la puerta, se sorprendió al ver la figura que apareció