Luna acababa de alejarse de Andrés, pero este de inmediato la agarró por la muñeca, la jaló hacia él y la abrazó con fuerza. Acarició suavemente su cabello mientras miraba la luna creciente en el cielo, diciéndole con suavidad:
—Cielo, si quieres echarme la culpa, entonces no tendré más opción que aceptarlo. Pero eso no es la verdad, porque me opongo a él. Te prometo que ya no volveré a tener contacto con él. Esta, ésta será la última vez, ¿de acuerdo?
Esas palabras fueron como un suave bálsamo