Habían pasado dos días desde que Elena y Felipe regresaron a su casa. La prensa se había vuelto loca cuando habían descubierto los gustos algo particulares de Lucio. Y aunque todo hubiera sido un montaje, la prensa de corazón tenía carnada para un rato.
Todo iba viento en popa. Felipe tenía mejor la pierna aunque aún dependía de las muletas. La situación económica iba dando pequeños pasos y se pronosticaba un futuro espléndido. Todo iba bien. A no ser el estómago de Elena. Las náuseas y mare