Las sábanas estaban algo húmedas del agua que no habían secado de sus cuerpos cuando salieron del jacuzzi. Fácilmente parecían lobos en pleno celo. No podían dejar de tocarse, de acariciarse. De mostrarse amor aunque esa pequeña palabra no había sido dicho. Pero al parecer las confesiones de horas antes había abierto un dique en sus sentimientos.
Elena estaba encima del pecho de Felipe mientras este le acariciaba la mano con parsimonia. Se estaba quedando dormida cuando una pregunta surcó su