— ¿Estás bien? Te has puesto pálido —dijo Elena divertida. Si hubiera sabido que una tatuaje y un piscis lo escandalizarían de esa forma lo hubiera hecho antes.
La cara de su marido era todo un poema cuando ella se bajó la manga del hombro y le enseñó el tamaño real de la marca impregnada en su piel.
— ¡Ratos y centellas! —exclamó perturbado. La imagen parecía salida de su piel. No podía negar que pegaba pero ni debería estar ahí.
Elena no pudo evitarlo se le escapó una carcajada. Mejor desm