El baile continuó por media hora más. Hasta el momento que sirvieron unos canapés a base de pescados y mariscos. Elena estaba revolviendo la comida de un lado a otro del plato. Y la mueca que tenía su cara ya había levantado la curiosidad a más de uno.
—Come, Elena. No querrás que piensen que estás triste por tu propia boda. —susurró Felipe. Para quien mirara vería como el rey acariciaba a su esposa. Nada más lejos de la realidad.
—No me gusta el pescado. —refunfuñó de mal humor.
—Estoy seguro