Sin duda alguna, aquellas inocentes palabras no eran para nada lo que Leonidas esperaba. E increíblemente, había logrado pensar entre su cegadora furia, que su mal presentimiento era terriblemente acertado.
Miguel... Miguel estaría en serios problemas.
Leonidas no quería parecer un desesperado, mucho menos aparentar ser un crío bravucón que se metía constantemente en problemas, pero de alguna manera, se le hacía complicado encontrar otra solución para su reciente dilema. Y es que simplemente,