Jugueteando con el cabello color omega, Leonidas reposaba tranquilo en la silla tras su escritorio. Ryle sentado sobre sus piernas, pareciendo dibujar garabatos en una hoja de papel. Habría pasado el tiempo lentamente, maravilloso y sólo como a ellos les gustaba. Estaban solos, aislados del mundo y respirando las pequeñas partículas de amor que ellos mismos desechaban.
— ¿Y cómo estuvo tu día, dulce? — Tras un enorme rato en un confortante silencio, Leonidas habló. Su mano comenzando a repasar