Ante aquel comentario, el pequeño desvió la mirada, completamente avergonzado y emocionado por lo que había escuchado. Y es que aunque no fuera la primera vez que Leonidas reconocía lo hermoso que era, o lo mucho que le gustaba, siempre resultaba ser igual de alucinante que el primer instante.
— Y como tú — expresó, mordiendo el interior de su labio y posando su miel mirada en la contraria. Admiró como el rostro de Leonidas resplandecía, mirándose precioso, y cuando sintió cosquillas arremeter