Capitulo 68

Nala

Esperaba que fuera el viento el que cerrara la puerta. O tal vez una bisagra rota. O los diablos, incluso aceptaría un fantasma merodeando y jugando con nosotros.

Pero mis esperanzas se desvanecen en el momento en que entró a trabajar a la mañana siguiente.

Los susurros rugen como la pólvora. Ojos curiosos. Ojos enojados. Ojos celosos. Todos están dirigidos a mí.

Mis dedos cavan y giran en mi bolso.

Solo sé normal.

Es más fácil decirlo que hacerlo cuando mis compañeros de trabajo me miran
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