-La señorita Jones envió el almuerzo-, dice Ezekiel, resoplando en mi oficina y dejando un recipiente en el escritorio.
Dejó de redactar mi correo electrónico para el abogado de licencias de Fine Industries y sonrío a las bolsas de almuerzo. El olor de la salsa salada llena mis fosas nasales.
-¿Todavía está en la fábrica?- Pregunto, agarrando una de las bolsas. Se abre con un fuerte sonido metálico.
-Sí. Bernard lo trajo. Ezekiel me mira mal.
-¿Tienes algo que decir, Ezequiel?-
Nos has puesto a