Nala
Agito la mano para disipar la nube de polvo que se levanta cuando guardo el último de los documentos.
La sala de archivos parece que fue saqueada. Las cajas se apilan una encima de la otra. Los documentos se amontonan en torres. Los papeles se sujetan con clips, grapadoras y cualquier cosa lo suficientemente pesada para hacer el trabajo.
Un bostezo amenaza con partirme la mandíbula. Me tapo la boca con el codo y miro la habitación que fue mi oficina durante el día.
Es un espacio monóton