Nala
Miro la computadora portátil con los ojos entrecerrados, mirando todos los números y tratando de entenderlos.
Ninguna de las fórmulas se calcula.
Gimo patéticamente.
Una cosa es actuar duro frente al Gruñón que robó la felicidad. Es un ególatra furioso con una cara hermosa y músculos ondulantes. Estoy biológicamente programado para quererlo tanto como deseo derribarlo un par de veces.
Pero es otra cosa completamente distinta que me saquen de quicio en mi primer día.
El ayer no cuenta.