Toma asiento y me mira a través de ojos color avellana pétreos. -Abre la puerta.-
-¿Qué?-
Señala la entrada. -La puerta.-
Mis labios se tensan con molestia. Nunca me acostumbraré a ese tono condescendiente suyo. Pisoteando hacia la puerta, la abro. ¿Feliz?
Señala la silla. Sin buenos días. No '¿cómo va tu día?' Nada.
No es como si esperara que hiciera una pequeña charla, pero señalar la silla como si fuera un perro que se mueve cuando él lo ordena no va a funcionar.
sigo de pie. -¿Qué te gustar