A las siete de la noche.
Pedro, acompañado de Lizbeth y Zoraida, llegaron como habían acordado al restaurante del resort vacacional.
El restaurante era grande, con capacidad para albergar a varios cientos de personas.
Cuando Pedro entró, notó que ya había varias mesas ocupadas por gente charlando animadamente.
Aparte de unos pocos turistas, la mayoría eran guerreros que habían venido atraídos por la fama del lugar.
—¡Pedro! ¡Estamos aquí! —Mientras miraba a su alrededor, Francisca se levantó de