—Ricardo, las cartas pueden ser falsificadas —dijo Eulogio con calma—. Solo se necesita encontrar a un experto en caligrafía para imitar la escritura y falsificar una carta. No es gran cosa.
—¡Exacto! ¿Quién dice que no estás tratando de tender una trampa? —continuaron defendiendo los miembros de la familia Solís.
—Eulogio, Eulogio, realmente te subestimé. A estas alturas, ¿todavía te atreves a dar excusas? Bueno, ya que eres tan obstinado, te haré perder de una manera que no dejará dudas en