—¿Te atreves a levantar la mano contra mí?
Cobras estaba aturdido, tocó su cabeza incrédulo, su mano cubierta de sangre.
Hacía años que había tomado el territorio del sur de la ciudad, y nadie había osado faltarle al respeto, y mucho menos golpearle con una botella de licor.
Este tipo, ¡está pidiendo a gritos su muerte!
—Sr. Cobras, escucha un consejo, déjalo estar —dijo Pedro con indiferencia.
—¡Joder! ¡Te digo que estás muerto! ¡Voy a hacerte pedazos!
Cobras, una vez que reaccionó, rugió furio