—¿Sr. Pedro?
—¿Jefe?
Al ver al hombre corpulento frente a él, Pedro no pudo evitar sorprenderse.
Porque descubrió que el emisario detrás del león salvaje resultó ser Orlando, quien antes había vendido el Sutra de Jade.
—Sr. Pedro, quién lo diría, qué coincidencia encontrarnos de esta manera.
Orlando sonrió, cambiando su frialdad y severidad por una expresión benigna, similar a la de un Buda sonriente, aparentando ser inofensivo y amable.
—Jefe, realmente eres un libro cerrado —Pedro entrecerró l