En ese momento, el bar ya estaba lleno de gente. Algunos eran espectadores curiosos, otros eran los guardaespaldas del lugar. Entre ellos, los más notables eran un grupo de jóvenes encabezados por Andrés. Habían sido golpeados hasta tener moretones y sangre en la cara, y estaban forzados a arrodillarse en el suelo, como si esperaran un juicio.
—Andrés, ¿cómo acabaste tan herido?
Al ver a Andrés cubierto de cortes y contusiones, Leticia frunció el ceño al instante.
—¡Hermana! ¡Por fin han llegad