Capítulo 902
Julieta, sosteniendo su espada, se acercaba a Pedro temblorosa.

Con una expresión muy compleja.

A mitad del camino, su espada cayó al suelo con un sonido crujiente.

—Maestro... No puedo hacerlo, ¡realmente no puedo!

Julieta giró, con lágrimas corriendo por su rostro.

La culpa y la compasión se entrelazaban.

—¡Inútil! —La cara de Liliana se ensombreció, avanzó y le dio una bofetada a Julieta, tirándola al suelo—. ¡Ni siquiera puedes matar a un hombre, ¿para qué sirves?!

—¡Maestro! Ella no se atre
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