—¡Humph! Sigues fingiendo. Si no fuera por tu malicia oculta, ¿cómo habría resultado herido el Líder? —exclamó Rebeca con severidad.
—¡No es cierto! ¡No fui yo! —Julieta negó con la cabeza repetidamente—. No hice nada. Tan pronto como obtuve el Sutra de Jade, se lo presenté a la hermana mayor del templo.
—¡Cállate! —Al oír esto, Marisol cambió su expresión y se precipitó hacia adelante, abofeteando a Julieta—. ¡Tú, desgraciada! ¿Cómo te atreves a difamarme? ¡Claramente fuiste tú la que tramó tod