La pupila de la mujer se contrae, sabiendo que algo malo va a pasar, y rápidamente desenfunda su espada para bloquear.
Un resplandor blanco golpea la hoja de su espada, haciendo que la mujer retroceda continuamente, casi cayendo al suelo.
La sangre brota de la comisura de su boca, y su mano que sostiene la espada se entumece, incapaz de moverse.
—¿Quién eres tú? ¿Por qué me bloqueas? —grita ella, frunciendo el ceño y con un rostro algo pálido.
No esperaba que dentro de la pequeña Pandilla Kir