Las luces infrarrojas, densas como estrellas, cubrían todo el cuerpo.
—Tres...
Rolando, con la mano alzada, comenzó la cuenta regresiva.
Su voz era lenta pero cargada de una opresiva fuerza.
Especialmente bajo el refuerzo de numerosos soldados armados, su presencia era aún más intimidante.
—Muchacho, al final no tienes lo que se necesita para matarme. Aunque me hayas torturado hasta dejarme lleno de heridas, ¿qué importa? Mientras siga vivo, con los recursos de mi familia, pronto me recuperaré.