Ante la indiferencia de Leticia y la indignación moral de los presentes, Pedro se quedó sin palabras por un momento. Tras un breve silencio, finalmente decidió salir de la habitación del hospital. Sabía que, diga lo que diga, nadie le creería.
—¡Ya era hora de que te largaras! ¡Estorbas más de lo que ayudas!
—¡Exacto! ¡No tiene ni un ápice de autoconciencia!
Al ver a Pedro salir, la gente no escatimó en insultos y burlas.
—Doctor Jordi, el ciego ya se ha ido, tranquílese —Yolanda intentó suavi