—Necesitamos dinero, pero más aún necesitamos vivir. Si hoy no te capturamos, el líder no nos perdonará —dijo el hombre fornido sacudiendo su cabeza.
—¡Miguel, corre! Nosotros nos encargamos de esto.
Varios de sus leales subordinados avanzaron a paso firme, enfrentándose a un grupo de hombres.
—¡Hermanos, resistan!
Miguel les dio una palmada en el hombro y, llevando a la mujer, giró y corrió.
—¡Ataquen!
El hombre fornido levantó su machete y lideró a sus hombres en un asalto.
Aunque los leales s