—¡Sube rápido al coche! ¡Vamos a abrir camino para proteger a Srta. Estrella! —Pedro decidió rápidamente.
—¿Y tú qué harás? —Estrella frunció el ceño.
—Estos tipos no pueden herirme, vayan primero, yo cubriré la retaguardia —Pedro insistió.
Mientras hablaba, las agujas de plata en sus manos se lanzaban una tras otra, abatiendo a los francotiradores escondidos en el bosque.
Sin embargo, los enemigos eran demasiados y los disparos continuos, imposibles de suprimir.
—¡Ten cuidado!
Estrella asintió