Mirando el filo brillante del cuchillo ante él, Pedro no pudo evitar entrecerrar los ojos.
Acusándolo de ser un espía sin entender toda la situación.
—Qué desfachatez —musitó.
—Norma, ¿estás segura de lo que estás haciendo? ¡Pedro no puede ser un espía! —Estrella explicó de inmediato.
—Si hay o no un malentendido lo decidiré después de mi investigación —respondió Norma, la bella joven con una expresión fría—. Átenlo, y si se resiste, ¡que sea ejecutado aquí mismo!
—¿Ejecutado? —Pedro frunció el