—¿Quién eres realmente?
Claudio se derrumbó en el suelo, mostrando una cara de horror, su arrogancia previa totalmente desaparecida.
Había sido derrotado en tres movimientos; la habilidad del oponente superaba con creces la suya.
Pero, ¿cómo podría haber alguien tan hábil en la pequeña ciudad de la Ciudad Rulia?
—Para ser honesto, me llamo Matías. Carlos y Miguel, a quienes ustedes mataron antes, ¡eran mis discípulos! —dijo Matías con indiferencia.
—¿Qué? ¿Eres ese Matías?
Claudio se descompuso