—Soy yo —Pedro dio un paso adelante.
El gordo lo miró de arriba abajo.
—Muchacho, ¿sabes las reglas de aquí?
—¿Qué reglas? —preguntó Pedro a su vez.
—A cada uno que entra, le damos una paliza. Claro, si es leve o grave, y cuánto le damos, eso lo decido yo, ¿entendido? —dijo el gordo.
—Así que, ¿ustedes quieren dinero? —Pedro arqueó una ceja.
—¡Qué astuto! —El gordo asintió satisfecho—. Mis hermanos y yo cuidamos de esta basura todos los días. Cobrar una pequeña tarifa por las molestias no es exc