Mientras corría frenéticamente, Zenón se felicitaba en secreto.
Afortunadamente, era rápido, si no, habría sido su fin. Después de todo, aquél era el gran maestro, Horacio.
¿Quién podría superarlo?
Enfrentarse a un monstruo de tal calibre.
¿No era acaso buscar una muerte segura?
Tras un breve momento de miedo, algo cruzó por su mente, y rápidamente su rostro se iluminó con una sonrisa triunfante.
Se subestimaba a sí mismo internamente.
"¿Y qué si es Horacio? ¿Qué importa si es una leyenda?