—Pedro, por ti, traicioné a mi secta, asesiné a mi hermana de aprendizaje, ¿no es demasiado cruel de tu parte hablar así de mí? —dijo Zoraida con una mirada de resentimiento.
—¿Qué es lo que realmente quieres? —Preguntó Pedro.
—No te hagas ideas locas, solo quiero ser tu amiga, no tengo otras intenciones —Zoraida sonrió suavemente.
—Esa amistad, no puedo aceptarla, nunca se sabe cuándo podrías apuñalarme por la espalda —Pedro fue muy directo.
—Jaja, Pedro, yo no podría apuñalarte, si alguien apu