Al atardecer, en un casino subterráneo.
Andrés estaba eufórico jugando póker texano, acompañado por una chica de cabello corto y atuendo sexy a su lado.
Por la cantidad de fichas sobre la mesa, era evidente que ambos habían ganado bastante.
—Tengo un par de Q, ¡muestra tus cartas!
En ese momento, el hombre frente a ellos, con una nariz aguileña, reveló rápidamente sus cartas.
—¿Un simple par de Q y te atreves a desafiarme? ¡Abre bien los ojos y mira! ¡Tengo un trío de 6!
Andrés sonrió de medio l