—¡Pedro, oh Pedro! Qué tonto eres, tratando la basura como si fuera un tesoro, ¡impresionante! —Paula se rió con suficiencia, como si hubiera hecho un gran negocio. Después de invertir millones, pensó que todo estaba perdido. Pero quién iba a imaginar que aparecería un tonto para hacerse cargo de todo, verdaderamente una bendición divina.
—Pedro, gracias a ti en esta ocasión, de lo contrario todos nosotros estaríamos pasando frío.
Yolanda miró el dinero en su cuenta, radiante de alegría.
—Pedr