A la mañana siguiente, en la habitación del Hospital de Asia Meridional.
Teodoro, gravemente herido, ya había pasado el periodo crítico. Yacía en la cama, durmiendo pacíficamente.
En cuanto a Lizbeth, ella permanecía silenciosa a su lado.
Aunque en la vida cotidiana la relación entre padre e hija no era la mejor, en momentos de crisis, nadie se preocupaba más que Lizbeth.
Durante toda la noche, no había cerrado los ojos ni un momento.
—Pequeña, deberías comer algo —En ese momento, Pedro entr