En ese momento, muchos comenzaron a secundar la idea.
Normalmente, ellos eran los que acosaban a los demás, nunca nadie se había atrevido a buscar problemas en su territorio.
Para ellos, lo correcto e incorrecto realmente no importaba.
Quien tuviera el puño más fuerte, mandaba.
—Tercero, ¿qué quieres hacer?
Oso entrecerró los ojos, visiblemente molesto.
—¡Quiero convocar a la guardia de sombra y matar a ese chico!
Erik habló con gran furia.
—¡Tonterías! —Oso se levantó de golpe—. La guardia de s