En ese momento, en el jardín trasero.
Una mujer de belleza sin igual estaba sentada en el puente del estanque, observando serenamente los koi que revoloteaban en el agua.
Sus dos delicados pies colgaban en el aire, balanceándose delicadamente de adelante hacia atrás.
Los dedos, tan puros como el jade, de vez en cuando tocaban el agua, creando suaves ondas que se expandían sin cesar.
Bajo el brillo del sol, el rostro incomparablemente hermoso de la mujer parecía brillar.
Parecía un hada celestial