Pedro tomó las manos de Teodoro y con cortesía dijo:
—Teodoro, voy a necesitar de tu ayuda estos días.
—No es ninguna molestia, es lo mínimo que puedo hacer. —Teodoro sonrió—. La señorita Estrella salvó mi vida, y ha sido una bendición para nuestra familia. Tener la oportunidad de devolverle el favor es un honor para mí.
—¿En serio? No imaginé que Estrella tuviera tantos seguidores. —Pedro sonrió.
—¡Por supuesto! —Dijo Teodoro con un toque de orgullo—. La he visto crecer y su carácter es impeca