Aunque ella era la señorita Ivette de la familia Arroyo, sacar veinte mil millones en un solo aliento ya era su límite.
Si necesitaba más, tendría que pedir más dinero a su familia.
—Veintiún mil millones.
Fernando habló calmado, con un aire bastante imperturbable.
—¡Veinticinco mil millones!
Ivette apretaba los dientes, sus ojos parecían devorar a alguien.
Tenía que recuperar su dignidad hoy por completo, ¡incluso si tenía que pedir prestado!
—Veintiséis mil millones.
Fernando aún mantenía una