Al ver al recién llegado, la sonrisa en el rostro de Pedro se desvaneció instantáneamente, siendo reemplazada por indiferencia:
—¿Quién te dejó entrar? ¡Sal de aquí!
—No malinterpretes, vine a ver a mi nuera, no tiene nada que ver contigo.
Onofre entró a la casa cojeando, con una sonrisa jovial en su rostro.
—¿Así que se conocen?
Leticia miró de un lado a otro, un tanto desconcertada.
—¿Eres Leticia, verdad? ¡Definitivamente eres una belleza! —dijo Onofre, con una sonrisa brillante—. Ah, casi ol