—¡Nunca vuelvas a mostrarte ante mí!
Adolfo derribó a Martín con una patada y se dio media vuelta para irse.
—Sí, sí, sí...
Martín se apresuró a responder con una risa apaciguadora.
Sin embargo, en el preciso instante en que Adolfo se dio la vuelta, su expresión cambió a una fría determinación. Recogió rápidamente la espada del suelo y la lanzó en un ataque fulminante.
—¡Cuidado! —Pedro gritó en advertencia.
En un acto reflejo, Adolfo se ladeó para evitar el golpe.
La espada no le alcanzó en un