Capítulo 310
Justo cuando la larga espada estaba a punto de cortar el cuello de Adolfo, una mano surgió de la nada y agarró la hoja afilada.

—¿Qué? —Diego levantó la mirada y sus pupilas se encogieron de miedo—. ¿Cómo es que eres tú?

Su atención había estado completamente centrada en Adolfo; nunca imaginó que detrás de él estaría alguien aún más formidable.

—¿Todo esto por una mujer que no vale la pena amar? —Pedro ignoró a Diego y miró directamente a Adolfo—. Si realmente deseas la muerte, puedo complacerte
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