—¿Derrotarme?
Al escucharlo, Martín primero quedó atónito y luego rompió a reír a carcajadas.
Los demás miembros de Puerta de Basalto también estallaron en risas, mirando como si estuvieran viendo a un idiota.
Adolfo, en sus días de gloria como el hermano mayor de la orden, había sido realmente formidable.
Pero en comparación con su maestro Martín, la diferencia era más que notoria.
—¡Joven! ¿Sabes siquiera lo que estás diciendo? —Martín mostró una sonrisa burlona—. Este traidor fue mi