La primera llamada no fue contestada.
La segunda tampoco.
No fue sino hasta la tercera que finalmente se estableció la conexión.
—Oye, Leticia, ¿no habíamos acordado cenar juntos esta noche? ¿Dónde estás? ¿Por qué no has llegado? —Pedro fue el primero en hablar.
—Lo siento, tengo algo que hacer y no puedo salir ahora mismo —La voz de Leticia temblaba un poco.
—Ah, ya veo. ¿Sabes más o menos a qué hora podrás llegar? —preguntó Pedro.
—Tengo que cenar con un cliente, así que no podré l