En ese momento, en el campo de entrenamiento de una base militar. Pedro estaba atado a un poste, con cadenas gruesas como el brazo de un niño, todas forjadas en hierro oscuro. Eran extremadamente resistentes y duras.
Arriba de él, ardía el sol de mediodía, y a su alrededor, un grupo de soldados armados lo rodeaba. Todos estaban en alerta máxima, mirando con ojos de tigre.
Sin embargo, Pedro no hizo ningún movimiento. Se quedaba allí, inexpresivo. Su calma y compostura dejaron algo sorprendidos a