—¿Así que todavía piensan hacer algo? —Una sonrisa fría se dibujó en la comisura de la boca de Pedro al ver entrar a los guardias de seguridad.
Cuando se topaba con gente arrogante, él solía ser aún más imponente.
Si lo hablaban bien, quizás él accedería; si venían con fuerza, no tendría problema en darles una lección.
—¿Y qué si lo hacemos? ¡No sabes agradecer cuando te dan la cara! —Saúl estaba furioso.
Desde el primer momento que vio a Pedro, lo detestaba. Había sido humillado, forzado a ar